
¿Y ahora cuál es el juego?
Me quema tu hielo y me hiela tu calor.
La cabeza.
En el cerebro se licúan sentimientos, ideas, sensaciones.
Muertes.
Cadáveres que resucitan, que surgen de sus cenizas.
El guerrero que mandé a matarte se enamora.
Defensas traicioneras.
Pecados que se acumulan, que giran y se consumen.
Surtidores de fuego que me abrasan la garganta.
¿Celos?
Noche de las lunas rotas.
De piedras en los bolsillos, y de juegos mortales.
Cuando decidí dejarte me abriste la puerta... y no sé para qué.
¿Quieres que entre o sólo es tu manera de vengarte?
No lo sé.
Abscesos de tu nombre que me llenan de pus los labios.
Multiplico nuestros días por las lágrimas que vertimos.
Por las noches que no rompimos juntos.
Fiebre cadenciosa y bestial.
El día que pensé olvidarte me partí en dos pedazos.
Y la luna nada en líquidos carmesíes.
Círculos.
Punto de partida y de llegada.
Arco iris lacrimoso y triste.
Y el estómago revuelto por esta angustia pétrea.
Gigantes de igual fuerza disputándose mi pecho.
Tú contra ti misma.
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